La intimidad ha muerto. Parece que el exhibicionismo social se ha apoderado de nuestras vidas, existe una constante necesidad de aprobación. El “yo estuve aquí” y por algún motivo te lo muestro (aunque también estuve limpiando el baño, pero eso no te lo muestro…por lo que sea) se ha convertido en la definición del “postureo”, un intento de representar una imagen, que no siempre es la nuestra y que viene propiciado por una falta de autoestima pudiendo llegar a convertirse en una obsesión por construir una imagen que no se corresponde con la realidad. Siempre que subimos una imagen nuestra intentamos que sea la mejor imagen, creando una vida casi perfecta a los ojos de los demás.  Si tienes un segundo, visualiza este video que plasma esta idea perfectamente.

Además, lo que buscamos al subir una foto en una red social es una recompensa inmediata porque tenemos una necesidad, la de aprobación. Cuanto mayor sea la recompensa que recibamos (número de “me gusta”) mayor será la necesidad que nos genere y buscaremos cada vez con más frecuencia esa recompensa, creándose una dependencia y metiéndonos en un bucle que se retroalimenta constantemente. Al igual que cualquier otro tipo de adicción, aunque en este caso sea una adicción “sin sustancias”.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que unos números determinen nuestra autoestima? Essena O’Neill, es una modelo que llegó a tener más de 600.000 seguidores en redes, donde publicaba fotografías y vídeos de ella, que supuestamente eran tomados de manera natural pero que en realidad era contenido editado y fabricado. Esta estrella de Instagram cerró su cuenta para denunciar la falsedad en redes sociales.

Los preadolescentes y los adolescentes son los más afectados por estas nuevas formas de relacionarse. No distinguen el mundo real del virtual y toda su vida gira en torno a un Smartphone (el 87 % de los jóvenes entre 10 y 15 años accede a internet todos los días y revisan sus Redes Sociales unas 100 veces al día). Son la generación de la promoción de la imagen positiva. Pero no sirve cualquier imagen. Una foto nuestra normal, sin retocar, sin mostrar nada especial, ¿cuántos “me gusta” consigue? Si tengo pocos “me gusta” o pocos seguidores… no soy muy popular (“popus” como se conocen entre ellos). ¿Qué hago? Habrá que enseñar más, hacer algo diferente, retocar la imagen… y si así consigo más “likes”, en la próxima ensañaré más, retocaré más… creando una imagen que no corresponde a la realidad y que además tengo que mantener, acabando absorbido por un personaje público, que a su vez desgasta, frustra, genera tensión, produciendo estados emocionales negativos que pueden llegar a desembocar en una depresión.

“Nadie es tan guapo como en su Facebook…ni tan feo como en su DNI”

Si además añadimos que, evolutivamente hablando, se encuentran en un momento en el que la aprobación social lo es todo para su desarrollo personal y les damos una ventana al mundo con la que relacionarse y estar conectados constantemente, que les puede permitir promocionar su propia imagen, recibiendo al instante una aprobación, ¿cómo no van a subir sus fotos? Comparten toda su vida, aportan datos, direcciones, destruyen toda su intimidad, sin ser conscientes de que cualquiera, desde cualquier lugar lo puede ver y saber todo ellos.

Todo esto conlleva una serie de peligros añadidos, ¿quién ve esas fotos que sube un menor? ¿Qué tipo de datos estamos facilitando? ¿Con qué gente nos relacionamos por medio de las Redes Sociales? ¿Por qué confiamos en todo lo que vemos en internet? ¿Por qué creemos que la persona con la que chateamos es realmente como nos dice que es, si nosotros mismos manipulamos nuestra propia imagen? ¿Qué hace alguien que ve a todo el mundo tan feliz en las Redes Sociales y el no lo es? Y el que no cumple con los cánones de belleza, ¿qué es capaz de hacer con tal de transmitir la imagen perfecta? ¿Qué pasa con todo ese tiempo que pasamos intentando gustar a miles de “amigos” virtuales y no dedicamos a los reales? ¿Y si no consigo los “likes” que espero? ¿Cómo puede afectarme una imagen o una opinión colgada hace tiempo en el momento actual?

Desde PsicoWorks consideramos que conocer la realidad de las Redes Sociales, todas su ventajas pero también todos los riesgos que entraña, es fundamental para poder convivir en este mundo virtual/real.

Las personas deben aprender a integrar las redes sociales virtuales con las relaciones sociales reales. La riqueza de la comunicación interpersonal requiere de un contacto cara a cara si no se quiere construir relaciones sociales ficticias que antes o después acaban por derrumbarse (Enrique Echeburúa, 2013).